¿Será que soy bueno para decir la verdad o solo soy bueno para decir lo que siento?
¿Será que soy bueno escuchando o es que suelo ser cautivado por una voz sincera?
El dolor fortalece y te hace crecer.
Poder compartirlo y sacarse el nudo de la garganta te quita un peso de encima.
¿Y con quién lo comparto si no tengo a nadie?
¿Es necesario expresarse con quienes no te conocen?
¿Será que esa fue la mejor manera de conocerte?
Escuchándote, abriéndome a ti y arriesgando todo.
Surge el problema, no todo es tan perfecto, siempre relucirá la duda.
¿Y si se repite la historia y vuelvo a perder?
¿Y si sigo siendo el mismo ser desconfiado y marcado por la desilusión?
¿Qué sentido tiene engañar al corazón?
¿Tanto es el miedo al fracaso y tan cobarde se puede ser?
Si eres lo mas espectacular, lo imposible, lo inalcanzable, ¿quién soy yo para merecerlo?
¿Hasta que punto puede llegar mi inseguridad?
¿Qué tanto puedo escribir, que tan vulnerable puedo ser a tu mirada?
¿Qué tan profundo puede ser el abismo?
¿Qué tan inmenso puede llegar a ser este sentimiento?
¿Hasta dónde puede llegar este amor?
Muchas preguntas, una sola respuesta...
La verdad, la sinceridad y la realidad de la vida.
Buscando la razón donde no se sabe si la hay.
Llamando a la lógica donde no existe.
El haberte cautivado sin ninguna intención.
El haberme marcado sin previo aviso.
El hacerme sentir pleno y seguro de mi mismo.
Nada tiene comparación a lo que se siente hacerte feliz y ver toda la alegría e ilusión reflejada en tu rostro, es como llegar a la cima del mundo, como bajarte una estrella del cielo o llevarte hasta el infinito.